Morir no es para tanto

Luces, no acción.

Luces, no acción.
La boca abierta viendo pasar minutos
que se cierran en un círculo: la vida.
En el centro se sitúa un punto,
que es la muerte
y te lleva al exterior: Eres libre.

Los caballeros con espadas
que atormentaban tu pensamiento,
ya no podrán volver a atacarte.

Serás tan libre como un árbol,
como un trozo de hierba
que crece en un rincón oscuro,
apartado, tranquilo, sereno.

Serás el aliento de cada mañana,
el primer susurro, la primera palabra,
los primeros pasos, la primera mirada,
el primer libro, el primer poema,
el primer amor: la primera muerte,
la primera vida, la segunda, la tercera…

Cada vez cuesta más respirar,
y cuesta menos toser:
para escupir, expulsarlo todo:
mil demonios, mil odios,
mil palabras que no deberían existir.

Árboles
que regalan sus hojas a nuestros ojos
para que deleitemos nuestras miradas.
Nosotros los quemamos,
les hacemos daño,
como si no existieran, es más,
como si fueran un maldito enemigo
al que hay que aniquilar,
al que hay que matar,
al que no hay que dejar sobrevivir,
al que hay que hacer sufrir.

Maldita cuadricula en la que vivimos.
Dónde están los colores, las curvas…
Dónde está el infinito,
el no ser nada para serlo todo.

Ya no quiero más sonrisas,
ya no quiero más manos.
Quiero la droga que me eleve
hasta lo más alto,
y que luego me haga caer
y sentir que estoy viva:
sentir amor, dolor, nostalgia,
sentir cualquier cosa.

Suenan las campanas de la noche,
es hora de ir a dormir,
es hora de descansar.
Siempre es hora de algo:
es hora de morir.

~ por aetivxterry en 25/05/2008.

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