Recuerdos
Recuerdos, intento ordenarlos y aparecen, como por arte de magia, algunos nuevos referentes a sucesos que jamás existieron. Los árboles quietos, se para el tiempo, el rostro de las personas es completamente diferente: veo sonrisas y ojos que brillan como si se encontraran ante el primer amor. Una mujer cabizbaja sigue a unas hormigas, que en esta época recolectan cáscaras de pipas para sobrevivir al frío invierno. Todos se detienen ante su lento caminar, como si fuera de otro mundo. No quieren darse cuenta de que sus pies escriben poesía sobre el asfalto húmedo. Y la mujer no aparta la mirada de la última hormiga, que sigue al resto un tanto rezagada, como si se tratara de una cigarra: orgullosa, perezosa, indiferente…pero presente y no ausente como el resto de gente. Se borra el recuerdo, se marcha como un amanecer de enero, y resurge entre las sombras esa magnífica luz que durante tanto tiempo me hizo vivir tan deprisa y tan despacio. Recuerdos, no son más que eso: fantasmas del pasado, puedes o no creer en ellos. Páginas en blanco y bolígrafos llenos que impregnan con perdurable tinta oscura la insalvable pureza del papel de la memoria. Feliz verano, buen viaje, ya ha partido el barco hacia algún lugar del océano, olvidó los botes salvavidas, quizás a propósito para poder alcanzar una inolvidable odisea. El oleaje es cada vez más fuerte, y justo en su centro se mantiene a flote el pequeño trota-mares. Recrea sus rizos con las ondas del viento, sus suspiros con el humo de las chimeneas, su voz con la armonía del fondo del mar, y su tranquilidad con el silencio entre tormenta y tormenta. Amanece y es martes, ansiado día, el sol se posa cabrón sobre las nubes, haciendo pasar sus rayos a través de las ventanas de las casas. Poco queda para la partida al BlackJack, más vale no pasarse con las cartas, mejor no preguntar. El olvido ronda cerca y amenaza a los recuerdos infinitos, imaginarios y cambiantes con su propia desaparición. Poco queda, cenizas en este mes de junio casi agotado, mantener la hoguera resulta cada vez más difícil con tanta lluvia, la semillas se han hundido y ahora vuelan, formando grandes huracanes de desorientación en este desierto. Canciones golpean en la cabeza de la mujer que seguía a las hormigas, la memoria se allana en sus rodillas y su pelo va cayendo. Manos cada vez más arrugadas, ásperas, sin fin pero en el borde del abismo. Todo es tan oscuro que es imposible vislumbrar una gota de esperanza en el largo camino. El silencio se ha convertido en un martillo que descarga toda su frustración sobre los ojos del poeta cansado, y los cigarrillos se acaban: más leña para la hoguera apagada. Prostitución en cada esquina del viaje, totalmente gratuita, sin ninguna ambición, sin reivindicación, sin sueños volátiles que se mantengan en la superficie, sin miradas lúcidas decididas a encontrar el más mínimo signo de salvaguarda para este mundo. Y más recuerdos, más, cada vez más confusos, enredados en sí mismos, esperando convertirse en un único recuerdo indescifrable, que se mantenga por siempre en el inconsciente hasta conseguir la locura del propietario de esa mente. Llévame al electroshock.

Me ha gustado muchísimo. Parece ideal para alguna canción.
Saludines.
Gracias por, de alguna forma, inaugurar los comentarios de este blog. Me alegro que te haya gustado y espero que sigas pasándote por aquí. Un saludo.