Cuéntame un cuento

Cierta noche, en la ciudad de París, se alojaba una dulce doncella en una casita apartada; allí se escondía de las monjitas, que querían convertirla a su religión. Esta doncella, un tanto promiscua, se escondía de estas puritanas leyendo a algunos poetas románticos como William Blake y soñando con el demonio a la luz de unas velas rojas, pasionales, siempre encendidas, excepto cuando se encendían los infiernos de esta doncella. Una lúgubre y oscura noche, la doncella, cansada de tanta gente que no le hacía caso, se fue a la cama intentando olvidar su monótono día para evadirse en esa realidad paralela que son los sueños, para ella significaban esa dimensión enérgica donde se hacen realidad sus más oscuros deseos. Entonces, cerró los ojos, contó hasta veinte y su cuerpo empezó a hacerse cada vez más pesado al mismo tiempo que sentía elevarse su mente hacia el cielo. De repente, pasó de la oscuridad a ver el primer plano de una persona, poco definida por el momento, Esta persona estaba acompañada por una chica, al parecer era su chica. La dulce doncella quiso abalanzarse sobre esta persona, pero su chica la apartó y le abrió la cabeza contra una farola; pero su amor era capaz de curar todas esas heridas superfluas, así que apartó de un empujón todos esos miedos que poseía y se marchó corriendo con esta personita. Llegaron a una puerta de madera, allí le dijo que le amaba. La personita quedó atónita, no sabía qué decir y le hizo entrar en la casa, la de la puerta de madera. Allí se encontraban dos adultos que con un par de bromas arcaicas saludaron a la joven pareja. La personita llevó a la dulce doncella a su habitación. Deseaban hacer el amor, pero la joven doncella sangraba por sus encendidos infiernos; aún así, la personita introdujo su mano en esos infiernos y empezó a hacer sensuales movimientos. Más tarde la despojó de sus ropas y consumaron su amor, en esa cama, más bien sacada de un circo que de El Corte Inglés. La doncella estaba feliz y rebosaba alegría, al fin alguien la había curado de su soledad. Pero, para su sorpresa, enseguida despertó, y se vio, de nuevo, envuelta en esa sábana mojada, y cubierta por su común soledad y sobre todo: virgen todavía. La joven doncella decidió salir a la calle y decir a cada persona: cuéntame un cuento. La persona que le contara el mejor cuento sería su objetivo y la amaría con todas sus fuerzas. Pero nadie quiso contarle ese cuento, todos pedían algo a cambio, pues nadie fue capaz de imaginar que recibiría a cambio su amor. La doncella despreció a esta clase de gente, se marchó a su casita apartada, cogió una soga, la ató a la viga más alta del techo y luego a su cuello, apoyó sus pies sobre una silla que luego empujó con fuerzas y quedó colgada, con su rostro melancólico, por querer encontrar a aquella personita indefinida de su sueño, que tanto placer, y dolor más tarde, le había producido.

FIN

~ por aetivxterry en 14/10/2008.

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