Balada de ciudad
Sálvame de este sinsentido,
extiende un pedazo de compasión,
que ahora se ha hundido en lodo el camino
y empiezo a perder la razón.
Las calles esperan solitarias
empapadas por la lluvia
a un vagabundo en condiciones precarias
que pida unas monedas a las mentes vacías.
Incendios nocturnos de pasiones olvidadas
que resurgen de los sueños de media luna;
unas manos sensuales de tanto calor ansiadas,
entre las sábanas transparentes sobre una duna.
El tráfico de sonrisas ha sido abolido
por la gran voz monótona y gris del maestro,
que intentando enseñar cayó en el olvido,
y ahora las ilusiones viajan bajo el metro.
Las luces parpadean en el centro,
los semáforos ya se apagan,
las almas viajan mar adentro,
y en la costa un faro esconde el camino.

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