Un dia cualquiera

Iba yo por la calle, paseando un día de inveraño, de camino al trabajo, cuando de repente vi a un enorme salchichón persiguiendo a un perro, mientras dos bebés que observaban a dos ancianos dándole patadas a un melón de hierro decían – “Que mal esta la juventud de hoy en dia”. Seguí mi camino, cuando vi a dos cerdas montar en una patata frita, así que saque de mi bolsillo un caramelo y con el llegué a mi trabajo.

Subí al sótano donde trabajaba, y me puse manos a la obra. Mientras, como cada día, fabricaba pieza a pieza miles y miles de pequeñas flores, hablaba con mi amigo Renardo, sobre la importancia de la tarta de fresa en el mercado de valores, del aborto de la gallina, y algunas cosas mas que no recuerdo.

Llegó la hora de comer, y nos fuimos a un colegio, donde comimos pizarra asada, con salsa de libro. De postre, unos cuantos lapices y bolis bic. De vuelta al trabajo, conseguimos terminar un pedido de 20.000 flores y seguimos con nuestros encargos hasta que llego la hora de salir.

No hice nada mucho mas interesante aquel día, lo típico, fui a la ferretería a comprar unos cuantos clavos y tuercas para la cena (una cena ligera, para ese día) y eche unas horas hablando con unas gaviotas en una tienda de cajas de cartón, hasta que llegué a mi casa, me acosté en mi piscina y me dormí pensando en que ocurriría el día siguiente.

A.

~ por aetivxterry en 20/02/2009.

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